Los Tampa Bay Buccaneers necesitaban una victoria que cambiara el rumbo de su temporada. Y vaya si la consiguieron. Bajo una lluvia constante en el Raymond James Stadium, los Bucs aplastaron a los Atlanta Falcons por 16-0 en un partido que devolvió a Tampa Bay su identidad más física: correr, golpear y dejar al rival sin respuestas.
No fue una victoria bonita en términos de espectáculo ofensivo. Tampoco hacía falta. Los Buccaneers encontraron en su juego terrestre y en una defensa extraordinaria los argumentos suficientes para firmar su primera victoria por blanqueada desde enero de 2024 y la primera en casa desde diciembre de 2004. Curiosamente, aquella también fue contra Atlanta.
El resultado deja a Tampa Bay con un balance de 3-5 y un 2-0 dentro de la NFC South. Los Bucs siguen vivos en la pelea divisional y, después de semanas complicadas, vuelven a encontrar motivos para mirar hacia delante.
Bucky Irving y Kenny Gainwell convierten el partido en una exhibición terrestre
Si alguien tenía dudas sobre la capacidad de este ataque para dominar por tierra, el domingo recibió una respuesta bastante contundente.
Los Buccaneers terminaron con 324 yardas de carrera, estableciendo un nuevo récord de franquicia. Una auténtica barbaridad, especialmente teniendo delante a una defensa de Atlanta que llegaba como una de las mejores de la NFL contra el juego terrestre.
Bucky Irving fue el gran protagonista. El running back firmó una actuación espectacular con 170 yardas en 27 carreras, a una media de 6,3 yardas por intento. Su explosividad volvió a marcar diferencias y fue el principal motor de una ofensiva que encontró una y otra vez espacios en la defensa visitante.
Pero no estuvo solo.
Kenny Gainwell aportó otras 140 yardas en 25 intentos, demostrando que su incorporación empieza a tener mucho más sentido. Su capacidad para encontrar huecos, cambiar de dirección y romper placajes ofreció a Tampa Bay una segunda amenaza constante.
Irving y Gainwell se convirtieron en la primera pareja de corredores de la historia reciente de la franquicia en superar las 100 yardas cada uno en un mismo encuentro desde que Mike Alstott y Warrick Dunn lo consiguieran hace 28 años.
El trabajo de la línea ofensiva también merece reconocimiento. Con Luke Goedeke de vuelta, los hombres de las trincheras dominaron el partido y abrieron auténticas autopistas para sus corredores.
La mejor muestra llegó en el tercer cuarto. Desde su propia yarda 10, Tampa Bay construyó una serie de 90 yardas impulsada por Irving y Gainwell. Dos carreras espectaculares, de 46 y 28 yardas respectivamente, dejaron el balón en la yarda 6 de Atlanta. Dos jugadas después, Irving encontró la end zone.
Era el 16-0 y prácticamente el final de cualquier esperanza para los Falcons.
¿Quién necesita un juego aéreo en 2026?
La NFL del siglo XXI es una liga de pase. Zac Robinson ha decidido llevar la contraria y volver a un fútbol más antiguo. Y los resultados le dan la razón: los Bucs firmaron 324 yardas de carrera, un récord de franquicia, con Bucky Irving otra vez como estrella.
Aun así, hay una pregunta que no se puede evitar: ¿dónde está el juego aéreo?
Baker Mayfield terminó con cero pases completados. Cero. Es verdad que el partido se jugó bajo un diluvio y que el plan terrestre salió a la perfección, así que es difícil quejarse del resultado. Pero una cifra así en 2026 no pasa desapercibida.
Para hacernos una idea, Michael Penix Jr. completó más pases a defensores de los Bucs que Mayfield a cualquiera de sus compañeros en 60 minutos. Tampa Bay llegaba a la Semana 8 con el 32.º ataque aéreo de la liga, y este partido no despejó ninguna duda. El plan funcionó, pero el número 6 suma solo 64 yardas de pase en los últimos dos encuentros.
¿Aparecerá algún día? Habrá que comprobarlo en una jornada más seca. Mayfield, por su parte, se mostró tranquilo: «Cuando lo necesitemos, lo tendremos», aseguró tras el partido.
Una defensa que empieza a imponer respeto
Si el ataque ganó el partido por tierra, la defensa se encargó de que Atlanta nunca encontrara una salida.
Todd Bowles preparó un encuentro extraordinario desde el punto de vista táctico. Los Buccaneers limitaron las opciones de Michael Penix Jr., cerraron los espacios de Bijan Robinson y prácticamente borraron del partido a Drake London y Kyle Pitts.
Penix terminó con 8 completos en 24 intentos, 125 yardas y cuatro intercepciones. Una tarde para olvidar del quarterback de Atlanta, que encontró más facilidad para conectar con los defensores de Tampa Bay que con sus propios receptores.
Alex Anzalone fue uno de los grandes protagonistas con dos intercepciones. Jacob Parrish consiguió otra y Zyon McCollum cerró la colección con la cuarta, ya en el último cuarto.
Especialmente significativo fue el rendimiento en terceros downs. Atlanta terminó con un desolador 0 de 12. Doce oportunidades y doce fracasos. Una estadística que explica mejor que cualquier otra el nivel de dominio de la defensa de Tampa Bay.
Tampoco hizo falta registrar sacks para incomodar constantemente a Penix. La presión de la línea defensiva, con Rueben Bain Jr. especialmente activo, aceleró las decisiones del quarterback y provocó errores que terminaron castigando a los visitantes.
Bowles ha recibido críticas justificadas durante esta temporada, pero actuaciones como esta merecen reconocimiento. Su defensa está creciendo y empieza a mostrar una versión que puede competir con cualquiera.
Alex Anzalone, Jacob Parrish y Zyon McCollum: los protagonistas del balón robado
Hay nombres propios que merecen un apartado especial.
Alex Anzalone consiguió dos intercepciones y se ha convertido en una pieza importante dentro de esta defensa. Con ellas, suma tres en la temporada y se convierte en el primer linebacker interior de Tampa Bay en alcanzar esa cifra desde Lavonte David en 2015.
Jacob Parrish volvió a demostrar que su progresión no es casualidad. El joven cornerback consiguió otra intercepción y sigue dando motivos para confiar en su futuro.
Y Zyon McCollum cerró la fiesta defensiva con una cuarta intercepción que terminó de sentenciar cualquier intento de reacción de Atlanta.
La secundaria está jugando a un nivel extraordinario. Y lo está haciendo en un momento en el que el equipo necesitaba desesperadamente encontrar algo a lo que agarrarse.
Chase McLaughlin, la seguridad de siempre
En un encuentro condicionado por la lluvia y con pocas oportunidades de pase, Chase McLaughlin volvió a cumplir con su trabajo.
El kicker convirtió sus tres intentos de field goal, desde 46, 34 y 42 yardas, manteniendo su pleno de aciertos en la temporada: 19 de 19.
No siempre recibe el reconocimiento que merece, pero McLaughlin es una garantía para los Buccaneers. En condiciones complicadas y sin margen para cometer errores, volvió a responder.
También merece una mención Riley Dixon. El punter colocó cuatro de sus seis patadas dentro de la yarda 20 de Atlanta, ayudando a mantener a los Falcons lejos de posiciones cómodas de ataque.
Baker Mayfield y el extraño regreso al pasado
Y ahora llega una de las estadísticas más sorprendentes de la jornada.
Baker Mayfield terminó el partido con cero pases completados.
Sí, cero.
El quarterback de Tampa Bay no consiguió completar ninguno de sus tres intentos de pase. La lluvia, el planteamiento ofensivo y el dominio terrestre hicieron que los Buccaneers apenas necesitaran utilizar el juego aéreo.
De hecho, Tampa Bay se convirtió en el primer equipo desde los Buffalo Bills de 1974 en ganar un partido sin completar un solo pase.
Una estadística histórica, pero que también deja una pregunta sobre la mesa: ¿qué ocurre cuando los Buccaneers necesiten volver a ganar por aire?
El juego de carrera funcionó a la perfección, pero el rendimiento del ataque aéreo sigue siendo una preocupación. Tampa Bay llegaba a esta jornada con uno de los peores ataques de pase de la NFL y este encuentro no ha servido para despejar las dudas.
Mayfield, sin embargo, mantiene la confianza en sus posibilidades.
«Cuando lo necesitemos, lo tendremos», aseguró después del encuentro.
Habrá que comprobarlo en un escenario diferente, con mejores condiciones meteorológicas y ante una defensa que no permita dominar las trincheras de esta manera.
Las pequeñas sombras de una gran victoria
No todo fue perfecto. Ted Hurst III tuvo una oportunidad de conseguir una gran recepción en el primer cuarto, pero dejó caer un balón profundo perfectamente colocado por Mayfield. Una jugada que podría haber terminado en touchdown y que vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de encontrar más producción entre los receptores.
También hubo un error importante de Bucky Irving. En una acción que parecía destinada a terminar en touchdown, Baker Mayfield recuperó un mal snap y consiguió lanzar el balón hacia Irving, que perdió la posesión tras el golpe de Jessie Bates III. El balón terminó en la end zone y Atlanta consiguió un touchback.
Fue una oportunidad desperdiciada para ampliar la ventaja, aunque el running back terminó compensándolo sobradamente con su actuación.
Son detalles que Tampa Bay deberá corregir. Porque el margen de error será mucho menor ante rivales de mayor entidad.
Chicago espera antes de la semana de descanso
Los Buccaneers han conseguido algo que parecía complicado hace apenas unas semanas: volver a ganar dos partidos consecutivos y recuperar algo de confianza.
Con un balance de 3-5 y un 2-0 divisional, Tampa Bay se coloca a medio partido del liderato de la NFC South. La clasificación sigue abierta y la victoria ante Atlanta tiene un valor especial por tratarse de un rival directo.
Ahora toca viajar a Chicago para enfrentarse a los Bears (5-2) en el Sunday Night Football de la Semana 9. Será el último compromiso antes de la semana de descanso y una prueba mucho más exigente para comprobar si esta recuperación es real.
Los Bucs han encontrado una fórmula para ganar: una línea ofensiva dominante, dos corredores en estado de gracia y una defensa que empieza a imponer su ley.
Falta recuperar el juego aéreo. Falta mantener esta regularidad. Y falta demostrar que pueden repetirlo lejos de Tampa.
Pero, por primera vez en bastante tiempo, los Buccaneers vuelven a parecer un equipo con argumentos para pelear por algo más que sobrevivir.
Cañonazo final: 324 yardas terrestres, cuatro intercepciones, cero pases completados y una blanqueada histórica. Los Bucs no necesitaron lanzar para conquistar Tampa Bay. Esta vez, los Falcons se marcharon sin puntos y con una buena colección de pesadillas bajo la lluvia.
¡Todos a cubierta! La temporada todavía tiene mucha pólvora.
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