Cuaderno de Bitácora: Se apagaron los cañones, cayó Baker y Tampa toca fondo

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Hay derrotas que duelen. Y luego están las que dejan silencio.

Ayer vivimos el partido en directo desde Cañones y Football, con Mike llevando el play by play y José Luis “Bodeguero” González Blanco y un servidor, Alf, comentándolo en tiempo real. Durante toda la retransmisión hubo una sensación que fue creciendo con cada cuarto: la defensa mantenía algo vivo el partido, pero el ataque parecía navegar sin rumbo. Al final, el marcador solo confirmó lo que ya se respiraba durante la emisión: los Buccaneers volvieron a quedarse sin pólvora cuando más la necesitaban.

El Raymond James estaba vestido de púrpura mucho antes del kickoff. Costaba encontrar más rojo que morado en las gradas y eso ya era una señal de que algo no iba bien. Pero lo peor no estaba en la grada. Lo peor estaba sobre el césped.

Los Buccaneers perdieron 23-16 contra los Vikings, arrancan 0-3 por primera vez desde 2014 y, para rematar la tormenta, Baker Mayfield terminó abandonando el partido con una lesión en el pulgar derecho que ahora pone en duda las próximas semanas de la temporada.

La defensa sostuvo el barco. Los equipos especiales hicieron aguas. Y el ataque volvió a disparar pólvora mojada.

El partido empezó torcido demasiado pronto

Minnesota abrió el encuentro con un field goal de 54 yardas. No parecía grave. Parecía uno de esos comienzos donde todavía hay margen para ajustar. Entonces llegó el primer golpe de verdad.

Tres y fuera. Lesión de Jalen McMillan. Y en el siguiente despeje apareció Myles Price recorriendo 86 yardas hasta la end zone mientras la cobertura de Tampa desaparecía por completo. En un abrir y cerrar de ojos el marcador ya decía 10-0 y, otra vez, tocaba remar cuesta arriba.

Touchdown Ted volvió a aparecer

Cuando peor pintaba la tarde apareció uno de los pocos brotes verdes del ataque.

Cade Otton abrió la defensa, Bucky Irving encontró algo de aire y Baker encontró completamente solo a Ted Hurst III, que convirtió una recepción de 40 yardas en el primer touchdown de su carrera. Touchdown Ted. Un nombre que ya escuchamos durante el training camp y que empieza a ganarse el derecho a quedarse.

Durante unos minutos pareció que el barco reaccionaba. Fue solo un espejismo.

La defensa hizo exactamente lo que debía

Y aquí hay que decirlo claro: no fue la defensa quien perdió este partido.

David Walker volvió a aparecer con otro sack. Alex Anzalone firmó probablemente su mejor actuación desde que volvió a Tampa. Vita Vea volvió a destrozar bolsillos y A’Shawn Robinson aprovechó un balón desviado para llevarse una intercepción que podía cambiar completamente el encuentro.

Los Vikings solo anotaron un touchdown ofensivo, fueron limitados a 230 yardas, terminaron con un pobre 2 de 15 en terceros downs y nunca consiguieron romper definitivamente el partido por méritos propios.

El problema fue que cada vez que la defensa entregaba el balón al ataque… el ataque lo devolvía.

El ataque volvió a romperse

Lo de Zac Robinson empieza a preocupar de verdad. No es solo que el plan no funcione. Es que cuesta encontrar una identidad.

Los Bucs terminaron convirtiendo únicamente 2 de 17 terceros downs, permitieron seis sacks, cometieron ocho penalizaciones para 81 yardas y obligaron a Riley Dixon a patear nueve veces.

La ofensiva avanzaba unos metros, llegaba una bandera, retrocedía y volvía a empezar. Como si cada serie arrancara con una piedra atada al tobillo.

El touchdown que nunca existió

Hubo un momento donde todo Raymond James explotó.

Baker escapó de la presión, lanzó profundo y Chris Godwin Jr. recorrió 85 yardas hasta la end zone. Durante unos segundos parecía que Tampa se ponía por delante.

Entonces apareció el pañuelo.

Holding de Luke Goedeke.

El touchdown desapareció. El tercero y largo se convirtió en tercero imposible. Y otro despeje más.

Probablemente esa jugada resume perfectamente este inicio de temporada. Cuando por fin aparece algo bueno, algo lo borra.

Cade Otton sigue siendo el refugio

En medio del caos hay jugadores que siguen apareciendo.

Otton volvió a ser el receptor más fiable cuando Baker necesitaba una salida segura. Encontró huecos, movió cadenas y terminó siendo prácticamente la única constante en un ataque incapaz de construir ritmo.

Quizá no sea el jugador más espectacular del ataque. Ahora mismo sí parece el más estable.

Chase McLaughlin sigue siendo automático

Hay una rutina que nunca falla.

Balón al centro. Snap. Hold. Y Chase McLaughlin convierte. 28, 29 y 54 yardas.

Tres field goals que evitaron un marcador todavía más duro mientras el ataque seguía buscando respuestas.

David Walker pide más protagonismo

Hay jugadores que hablan. Y otros que obligan a escucharlos.

David Walker pertenece al segundo grupo.

Volvió a registrar otro sack, otro tackle para pérdida y otra actuación donde cada snap parece tener intención. Empieza a costar entender por qué sigue sin tener más protagonismo cuando está siendo el pass rusher más productivo del momento.

Baker cayó en el peor momento

Con poco más de un minuto por jugarse llegó la imagen que nadie quería ver.

Baker escapó, retrocedió, volvió a girar e intentó fabricar una jugada imposible. Terminó lanzando una intercepción a Andrew Van Ginkel y, en el gesto final del lanzamiento, el pulgar derecho dijo basta.

Las cámaras captaron su grito de dolor mientras abandonaba el campo rumbo al vestuario.

Después del partido, Todd Bowles confirmó que sufrió una luxación del pulgar derecho, aunque el alcance definitivo dependerá del MRI previsto para este lunes. El calendario tampoco ayuda: Packers el domingo y Cowboys apenas cuatro días después en Thursday Night Football.

Empieza la hora de Jalon Daniels

Con Baker fuera apareció el siguiente nombre.

Jalon Daniels.

Rookie. No drafteado. Y de repente responsable de intentar empatar un partido con menos de treinta segundos.

No hubo milagro. Hubo una carrera, un Hail Mary y otra intercepción. Pero todo apunta a que ahora será él quien prepare la semana como posible titular frente a Green Bay.

En siete días podríamos estar viendo un cambio de era, aunque sea temporal.

Las cifras que explican el naufragio

Los números cuentan una historia imposible de maquillar.

Los Bucs arrancan 0-3 por primera vez desde 2014. Baker Mayfield terminó con 17 de 34 pases para 217 yardas, un touchdown y una intercepción. La línea permitió seis sacks. El ataque convirtió únicamente 2 de 17 terceros downs, cometió ocho penalizaciones para 81 yardas y obligó a Riley Dixon a despejar nueve veces.

Mientras tanto, la defensa limitó a Minnesota a 230 yardas, forzó una intercepción y dejó a los Vikings con un pobre 2 de 15 en terceros downs.

El contraste es brutal.

La defensa hizo suficiente para ganar.

El ataque hizo demasiado para perder.

El horizonte no espera

Lo peor es que el calendario tampoco tiene piedad.

Ahora llegan Packers, Cowboys en Thursday Night Football, Steelers y Panthers.

Todd Bowles recordó después del partido que Tampa sigue estando a solo un encuentro del liderato de la NFC South. Matemáticamente tiene razón. Emocionalmente cuesta creerlo después de tres semanas viendo un ataque completamente desconectado.

Cañonazo final

No todo está perdido. Pero tampoco sirve seguir escondiendo el humo.

La defensa está compitiendo mínimamente. David Walker está pidiendo más protagonismo. Ted Hurst III empieza a convertirse en una amenaza real. McLaughlin sigue siendo un seguro de vida.

El problema es que un equipo no puede vivir únicamente de eso.

Es un debate en La Taberna del Grog y que, creo, merece una reflexión más fría. Hay dos cuestiones que me preocupan especialmente. La primera es Baker Mayfield. Se ha ganado un contrato de quarterback franquicia, pero su rendimiento hasta ahora no está justificando ese nivel de inversión: los overthrows, las malas lecturas, las decisiones bajo presión y los errores están siendo demasiado frecuentes.

Evidentemente, el ataque tampoco ayuda, con penalizaciones, una línea que está concediendo demasiado y un Zac Robinson que todavía no ha conseguido encontrar una identidad para esta ofensiva, pero eso no puede convertirse en una excusa para el nivel de Baker. Si cobras como uno de los quarterbacks de referencia de la liga, también tienes que jugar como tal.

Y la segunda cuestión nos lleva directamente a Todd Bowles. Aquí está la gran contradicción: seguimos hablando de uno de los grandes coordinadores defensivos de la NFL y, sin embargo, el proyecto que dirige como head coach lleva demasiado tiempo sin dar señales claras de evolución. La defensa de ayer volvió a demostrar que puede competir y mantener al equipo en un partido, pero llevamos años esperando que determinadas piezas den el salto y que el conjunto encuentre una identidad que nunca termina de llegar.

La responsabilidad, por tanto, no debería caer únicamente sobre Bowles. También hay que mirar a Jason Licht y preguntarse si se ha prolongado demasiado un proyecto que quizá necesitaba una reconstrucción antes. Si realmente hay que reconstruir, no tiene demasiado sentido seguir regalando temporadas de gracia esperando una mejora que no llega.

Y ahora, además, tenemos a Zac Robinson intentando construir una ofensiva que después de tres partidos parece completamente perdida. Así que sí, en la Taberna ya se habla hasta de la Manning Bowl. Si esto termina yendo por ahí, habrá que ver si el pick puede convertirse en una cantidad importante de capital de Draft y utilizarlo para volver a levantar unos cimientos sólidos. Porque lo que no podemos hacer es seguir dando vueltas sobre el mismo sitio.

Los Buccaneers necesitan recuperar su identidad ofensiva antes de que el calendario termine de hundir el barco.

Porque ahora mismo la pregunta ya no es cuándo llegará la primera victoria.

La pregunta es quién estará bajo centro cuando llegue.

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