No hay anestesia posible: lo de Charlotte fue una derrota diseñada desde la banda. Tampa Bay cayó 23-20 ante Carolina en un partido que tenía marcado en rojo y que terminó entregando con un plan timorato, errores de gestión y decisiones que apuntan directamente al responsable máximo. Todd Bowles perdió el partido antes de que se jugara el último drive. Y con él, el liderato de la NFC South.
Resumen del naufragio
Los Buccaneers acudieron al Bank of America Stadium con la división en juego y salieron con miedo. Miedo a lanzar, miedo a arriesgar, miedo a confiar en su mayor fortaleza. El resultado fue un ataque previsible, una defensa que volvió a fallar en el momento crítico y un equipo incapaz de imponerse cuando el partido pedía colmillo.
Carolina no hizo nada extraordinario. Simplemente ejecutó mejor, castigó los errores ajenos y aprovechó el regalo final: una intercepción de Baker Mayfield a 42 segundos del final que cerró el encuentro. Tampa Bay pasa de aspirante a líder a perseguidor obligado: 7-8, con la soga al cuello.
Momentos clave
- Plan de partido conservador desde el inicio, renunciando al juego aéreo pese al talento disponible.
- Touchdown de Tetairoa McMillan antes del descanso, fruto de un zero blitz innecesario con 12 segundos en el reloj.
- Red zone ineficaz en la primera mitad, con decisiones que rozan lo incomprensible.
- Field Goal de Ryan Fitzgerald (48 yardas) a falta de 2:20 para el final.
- Intercepción final de Lathan Ransom, consecuencia de la presión acumulada por una gestión deficiente.
Lectura de números (datos oficiales del partido)
- Baker Mayfield: 18/26, 145 yardas, 1 TD, 1 INT.
- Bryce Young: 21/32, 191 yardas, 2 TD.
- Bucky Irving: 19 carreras, 71 yardas.
- Rachaad White: 5 carreras, 45 yardas; 2 rec., 15 yardas.
- Mike Evans: 5 rec., 31 yardas, 1 TD.
- Chase McLaughlin: FG de 48 y 50 yardas.
- Carrera Bucs: 169 yardas totales (5,1 por intento).
- Marcador y récord: Panthers 23, Buccaneers 20 — Tampa Bay 7-8.
Diagnóstico — El problema tiene nombre y despacho
- Plan cobarde desde la banda
Todd Bowles permitió —y avaló— un planteamiento ofensivo temeroso. Con una de las salas de receptores más caras y profundas de la NFL, Tampa Bay decidió esconder el balón y jugar a no perder. Y perdió. - Gestión criminal de los momentos críticos
El touchdown encajado antes del descanso define al staff: blitz total, sin ayudas, sin sentido contextual. Eso no es agresividad; es irresponsabilidad. - Ataque previsible y sin alma
Correr nueve veces seguidas en primer down no es identidad: es rendición táctica. Carolina sabía lo que venía en cada snap. Y respondió. - Disciplina inexistente
Ocho penalizaciones, varias de ellas en situaciones límite. El equipo refleja lo que transmite su entrenador: falta de control, de foco y de rigor. - Defensa que ya no es fortaleza
La defensa contra la carrera ha dejado de ser un sello para convertirse en un problema. Más de cinco yardas por intento concedidas. Esto, con Bowles, es inadmisible.
Lo que dijeron los protagonistas
Baker Mayfield, resignado y claro:
“Tenemos que ganar todo lo que queda. No hay más.”
Todd Bowles, parapetado en el discurso habitual:
“La confianza es buena, pero no basta. Fallamos en la ejecución.”
No. No fue solo ejecución. Fue planteamiento.
Lo mejor (destellos aislados)
- Jacob Parrish, firme, competitivo y sin complejos: dos pases defendidos en la end zone.
- Chase McLaughlin, impecable y récord incluido. Un kicker de élite en un equipo que no lo acompaña.
- Esfuerzo de Bucky Irving, corriendo contra muros por diseño, no por necesidad.
Lo peor (la lista es larga)
- Renunciar al pase de manera sistemática.
- Regalar un touchdown antes del descanso por mala lectura situacional.
- Red zone mal gestionada en la primera mitad.
- Errores de disciplina en momentos límite (Bullock, Goedeke).
- Defensa blanda cuando el partido se decide.
Consecuencias inmediatas
Carolina es líder de la NFC South (8-7). Tampa Bay queda obligada a ganar todo y a esperar. Seis derrotas en los últimos siete partidos tras un 6-2 inicial no es mala suerte: es caída libre. Y el responsable no está en el huddle, sino en la banda.
Último cañonazo
Todd Bowles ha agotado el crédito competitivo. Su equipo juega sin instinto asesino, sin adaptación y sin colmillo. Esta derrota no es un accidente: es la confirmación de un modelo que ya no da más de sí. Si Tampa Bay no reacciona —de verdad— lo que queda de temporada será una lenta deriva hacia el mismo punto de siempre: talento desperdiciado y oportunidades tiradas por la borda.
La temporada aún respira. Pero el margen es mínimo y la paciencia, inexistente.
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