Baker Mayfield llegó a Tampa Bay con una misión clara: revitalizar una franquicia que llevaba años sin identidad ofensiva estable. En tres temporadas ha pasado de ser un “prove-it” quarterback a marcar récords de franquicia, liderar el ataque más eficiente de la liga y, al mismo tiempo, generar dudas estructurales sobre su consistencia. Con solo una temporada restante en su contrato tras el 2026, la franquicia se enfrenta a una de las decisiones más delicadas de los últimos años: ¿extender ahora o dejar que se juegue el valor real en 2026? Mientras vuela el halo de sí seguir con Todd Bowles y Josh Grizzard, o prescindir de alguno.
Evolución año a año: Más que números
2023 — Recuperación y carácter
En su primer año con los Buccaneers, Mayfield fue más un conductor que un piloto de altas cifras. Lanzó más de 4,000 yardas, 28 touchdowns y 10 intercepciones, con un rating sólido y una eficiencia adecuada para llevar a Tampa Bay a competir por la división. El esquema era todavía rudimentario, con una mezcla de conceptos tradicionales y pocas apuestas explosivas, y el ataque no supo balancearse bien entre pase y carrera. Fue una temporada de resurrección personal y de identidad ofensiva inicial.
Pero lo más decisivo fue su impacto intangible: la cultura del vestuario cambió, la ofensiva respiró confianza y el equipo volvió a sentirse competitivo bajo presión.
2024 — Resurgimiento histórico
Apenas releído en cifras, lo que Mayfield logró en este año es anómalo: completó más del 71% de sus pases, superó las 4,500 yardas y 40 touchdowns, y montó uno de los ataques más equilibrados de la historia reciente del equipo. Fue, de hecho, una temporada de élite estadística.
Ese año se dieron varios factores clave: la ofensiva fue una de las más eficientes de la NFL, el ritmo de juego fue alto y sostenido, y Tampa Bay logró un equilibrio poco habitual entre juego aéreo y terrestre. El ataque no dependía de explosiones aisladas, sino de una continuidad casi quirúrgica.
Este rendimiento no fue casualidad. El sistema ofensivo instalado priorizó rutas precisas, progresiones claras y velocidad de decisión. Mayfield no solo ejecutó el plan, lo elevó. Ajustó su mecánica, soltó el balón con mayor rapidez y jugó probablemente el football más controlado y eficiente de toda su carrera.
2025 — Caída y cuestionamientos
Aquí es donde todo se complica. Tras un inicio prometedor, el equipo se desinfló por completo en la segunda mitad de la temporada, encadenando derrotas y perdiendo consistencia ofensiva semana tras semana. Mayfield cerró el curso con cifras aceptables en bruto, pero muy por debajo de su propio techo de 2024.
El ataque perdió eficacia en situaciones clave: tercer down, zona roja y, sobre todo, en el pase vertical. Cuando el rival ajustó defensivamente y obligó a Tampa Bay a estirar el campo, la producción cayó de forma evidente. El porcentaje de acierto en lanzamientos más allá de las 10 yardas se redujo, y con ello desapareció buena parte del factor diferencial del ataque.
El contexto tampoco ayudó. Lesiones en la línea ofensiva, piezas clave entrando y saliendo del esquema y una ofensiva obligada a reinventarse sobre la marcha. Pero incluso teniendo en cuenta ese escenario, la capacidad de sostener el ataque en momentos de exigencia real fue inferior a la esperada.
El efecto de los coordinadores ofensivos
La etapa de Mayfield en Tampa Bay no se puede analizar sin entender cómo cada coordinador ofensivo ha moldeado su producción.
- Dave Canales (2023) apostó por una ofensiva conservadora, de control y reconstrucción. Mayfield recuperó confianza, pero jugó con freno de mano en muchos tramos.
- Liam Coen (2024) representó el punto de inflexión. El sistema maximizó lectura rápida, precisión y ritmo. Mayfield respondió con la mejor temporada de su carrera.
- Josh Grizzard (2025) heredó un contexto más frágil. Buscó estabilidad y minimizar errores, pero el ataque perdió colmillo. Sin continuidad ni explosividad, la ofensiva se volvió predecible.
Este recorrido deja una conclusión clara: Mayfield es altamente dependiente del entorno ofensivo, y cuando ese entorno se descompone, su rendimiento cae más que el de otros quarterbacks de élite consolidados.

Análisis de producción: lo que dicen realmente los números
Comparando el pico de 2024 con la regresión de 2025, el patrón es evidente: menos eficiencia, menos impacto y menor capacidad de sostener drives largos cuando el partido se vuelve incómodo.
No es solo una cuestión de yardas o touchdowns. Es una cuestión de cuándo llegan. En 2025, el ataque necesitó demasiados intentos para generar puntos, y cuando el guion obligó a jugar desde atrás, la producción se volvió irregular.
En términos simples: cuando todo está alineado, Mayfield puede jugar a nivel top de la liga; cuando no, su margen de maniobra es limitado.
Contrato de Baker Mayfield: el elefante en la habitación
Mayfield sigue bajo contrato y eso es clave. Su acuerdo actual cubre la temporada 2026, con una cifra media anual importante y una parte del salario ya garantizada para ese último año. Esto coloca a Tampa Bay en una posición intermedia: no hay urgencia contractual, pero sí una decisión estratégica que no se puede aplazar indefinidamente.
Extender ahora significaría comprometer una gran parte del tope salarial a un quarterback que ha demostrado un techo alto, pero también una variabilidad significativa. Esperar implica asumir el riesgo de que Mayfield vuelva a rendir a nivel élite y encarezca aún más su precio.
Existe incluso una tercera vía, menos probable pero real: un trade. Sin embargo, mover a Mayfield implicaría absorber parte del impacto salarial y aceptar una compensación que difícilmente reflejaría su mejor versión, precisamente por ese contrato y por la irregularidad mostrada en 2025.
Contexto competitivo y valor real
Mayfield ha sido un activo muy valioso para los Buccaneers. Ha devuelto identidad, competitividad y liderazgo a una franquicia que lo necesitaba. Pero la gran pregunta no es si es bueno, sino si es lo suficientemente consistente como para construir un proyecto a largo plazo alrededor de él.
El mejor Baker existe. Tampa Bay lo vio en 2024.
La duda es si ese Baker es la norma o la excepción.
Cañonazo final
La decisión no debería ser emocional ni reactiva. Si Mayfield confirma en 2026 que puede sostener un nivel alto incluso en contextos adversos, una extensión será lógica y defendible. Si vuelve a mostrar altibajos, Tampa Bay habrá ganado tiempo, información y flexibilidad para redefinir el rumbo sin hipotecar el futuro.
Esperar no es una falta de confianza. Es una decisión estratégica. Sobre todo, viendo si va a tener Baker un nuevo OC o un nuevo HC en los próximos meses, o no.
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